Pensado para cómo trabajan los anfitriones de Airbnb
Airbnb te da un hilo de mensajes y la descripción del anuncio. Ninguno de los dos es buen sitio para los detalles prácticos de una estancia: el hilo se pierde al hacer scroll y el anuncio está escrito para quien todavía no ha reservado. Una página para huéspedes complementa a ambos. La creas una vez por alojamiento, pegas el enlace en la confirmación de la reserva y en el mensaje previo a la llegada, y cada huésped recibe la misma información sin que tengas que escribirla de nuevo.
Como la página está en la web, cualquier cambio llega también a quien reservó hace meses. Cambia por la mañana la hora de check-in o el código de la caja de llaves y el huésped que llega esa noche ve la versión nueva.
Lo que ven tus huéspedes
Una página que se abre en el navegador que ya tienen, con los pasos de llegada primero, la contraseña del Wi-Fi a un toque, las normas de la casa en un lenguaje claro y tus propias recomendaciones del barrio. Sin app, sin cuenta, sin nada que instalar. Echa un vistazo al ejemplo real para ver cómo queda una página terminada.
Donde se queda corto el manual de la casa de Airbnb
Airbnb tiene un campo que se llama manual de la casa y, para un solo anuncio, es mejor que nada. Hay tres cosas que lo limitan:
- Solo llega a los huéspedes de Airbnb. Si también recibes reservas por Booking.com, Vrbo o de forma directa, acabas manteniendo el mismo texto en varios sitios, y con el tiempo dejan de coincidir.
- Es texto, no estructura. Todo está en un único bloque, así que un huésped que busca el código del portal a medianoche pasa por delante de la política de toallas para encontrarlo.
- Está atado a la reserva. El huésped llega a él desde la app, lo que significa iniciar sesión, buscar el viaje y abrir la pestaña correcta. La mitad te escribe en lugar de eso.
Una página para huéspedes es un enlace que funciona igual para todos, vengan de la plataforma que vengan, y se abre en el navegador sin iniciar sesión.
Qué poner en ella, en el orden en que tus huéspedes lo necesitan
- La llegada. Horarios, cómo llegar desde la calle, el código del portal y de la puerta, la plaza de aparcamiento y qué hacer si un código falla.
- El Wi-Fi. El nombre de la red y la contraseña, escritos exactamente como son, con un botón de copiar para que nadie se equivoque con una mayúscula.
- La casa. El aire acondicionado o la calefacción, la lavadora, la basura, cualquier cosa que tenga su truco.
- Las normas de la casa. Horas de silencio, visitas, tabaco, fiestas, con las palabras que usarías en la puerta.
- El barrio. Tres o cuatro sitios a los que mandarías a un amigo, con la distancia.
- La salida. La hora, las llaves y las dos o tres cosas que quieres que dejen recogidas.
Ese orden sigue el ritmo de la estancia, y por eso tus huéspedes encuentran las cosas sin buscar.
Menos mensajes y mejores reseñas
Las preguntas que te llenan las tardes son casi siempre las mismas cinco. Responderlas antes de que te las hagan consigue dos cosas: te devuelve las tardes y cambia lo que el huésped escribe después. La comunicación es una de las categorías que Airbnb pide valorar, y quien no ha tenido que preguntar nada suele puntuarla bien.
También protege la valoración en el otro sentido. Un huésped que no consiguió entrar, o que no sabía la hora de salida, lo cuenta aunque todo lo demás fuera perfecto.
Si publicas en más de una plataforma
Mantén una página por alojamiento y comparte el mismo enlace en todas partes: en el mensaje de Airbnb, en la confirmación de Booking.com, en tu propio correo. Un solo sitio que actualizar, una sola versión que leen tus huéspedes y ninguna copia con tres códigos caducados. Gestionar varios alojamientos es un caso aparte, y lo contamos en la página para gestores de apartamentos turísticos.



